Un cuento para dormir, sobre dinosaurios y familias un poco diferentes.
Trilo era una pequeña triceratops de color verde pistacho con puntitos azul brillante en el lomo. Le encantaban las bayas dulces, correr cuesta abajo y coleccionar piedras con formas de cosas.
Pero había algo que no le gustaba nada: su familia.
— ¿Por qué no podéis ser… normales? —suspiraba Trilo mientras su madre hacía malabares con piñas gigantes.
Era bailarina de danza prehistórica libre. Se pasaba el día girando con hojas en la cabeza y decía cosas como:
— ¡La lava interior debe fluir hacia fuera!
Su padre era inventor. Aunque casi todo lo que inventaba explotaba, goteaba o salía corriendo. Una vez, creó unas botas con muelles que acabaron en el tejado de un diplodocus.
Su hermano mayor, Trompón, tocaba la corneta. TODO. EL. DÍA.
Y su hermana pequeña, Chispita, creía que era un murciélago.
— Yo me cuelgo de las ramas y zampo frutas raras. ¿Qué más necesitas? —decía boca abajo.
Trilo estaba convencida de que su familia era la más vergonzosa del valle.
Cada vez que había una reunión de rebaño, Trilo se quedaba calladita y lejos, fingiendo que venía sola.
Hasta que llegó el Gran Día del Dino-Picnic Escolar.
Todos los dinosaurios del cole podían traer a su familia. Y no solo eso: ¡había concurso de talentos familiares!
Trilo tragó saliva.
— Por favor, por favor, comportaos —rogó por la mañana, mientras su padre le daba un beso.
— Tranquila, Trilo, seremos una familia como todas —prometió su madre… mientras giraba en círculos al ritmo de un canto de estegosaurio.
En el picnic, Trilo lo intentó. De verdad.
Intentó no mirar cuando su padre presentó su nueva invención: un paraguas que también era una flauta.
Intentó no taparse los ojos cuando su madre bailó con un tiranosaurio dormido (¡que se despertó en mitad de una voltereta!).
Intentó no gritar cuando su hermana se colgó de la pancarta del colegio proclamando «¡soy un pterosaurio, aceptadlo ya!».
Pero lo peor fue cuando Trompón intentó improvisar una canción de jazz con su corneta y accidentalmente hizo llorar a una cría de anquilosaurio (y a un adulto también).
Trilo se escondió detrás de un arbusto.
— ¿Por qué no puedo tener una familia normal? —gimoteó.
En ese momento, apareció su amiga Zizi, una parasaurolophus bajita con voz de silbato y mucha sinceridad.
— ¿Tu familia? ¿Rara? ¡Ja! ¡Ven a ver la mía!
Y la arrastró por el campo.
Allí estaba el padre de Zizi, haciendo una coreografía de rap mientras su madre pintaba a todos los invitados con barro perfumado. Su abuelo, vestido de cactus, gritaba profecías sobre meteoritos. Su hermana recitaba poemas a las patatas.
— ¡Esto es lo más raro que he visto! —soltó Trilo, entre risa y asombro.
Zizi le guiñó un ojo.
— ¿Y? ¿A quién le importa lo que sea normal?
Después fueron a ver a la familia de Bronti, cuya madre hablaba con piedras (“son más educadas que los dinosaurios”, decía), y luego a la de Dinoel, cuyo padre tenía 12 trabajos y ninguno sabía en qué consistía.
Trilo se quedó pensativa.
¿Y si ninguna familia era normal?
¿Y si todas eran un poco raras?
¿Y si ser raro… era justo lo que hacía que las familias molaran?
En ese momento sonó el silbato del concurso.
— ¡Es la hora del talento familiar! —anunció la profe Gigantina, una iguanodonte con voz de trueno y sombrero de copa.
Su familia subió al escenario. Su padre con su flauta-paraguas, su madre girando con confeti, Trompón afilando su corneta, Chispita colgada de una cuerda y gritándole a la gravedad.
— Esto va a ser un desastre —murmuró Trilo.
Pero entonces pasó algo extraño.
Cuando su padre sopló la flauta, sonó una melodía bonita. Su madre se movió al ritmo, Trompón tocó sin hacer llorar a nadie y Chispita aterrizó suavemente en medio del grupo como un murciélago estrella.
Y todo el mundo… aplaudió.
— ¡Qué original!
— ¡Qué divertido!
Trilo sintió cómo algo le burbujeaba por dentro.
No era vergüenza.
Era orgullo.
O puede que ganas de comer bayas. Pero principalmente orgullo.
Esa era su familia.
Un poco chiflada. Un mucho ruidosa.
Pero suya. Y absolutamente maravillosa.
Esa noche, mientras se acurrucaba con sus hermanos en el nido de hojas (Trompón roncando, Chispita murmurando “aladas para siempre”), Trilo susurró:
— Me alegro de que no seáis normales.
Y todos, dormidos o no, sonrieron.
FIN.
🧭 Ideas y herramientas para trabajar este cuento con tus pequeñ@s libronautas
1️⃣ Preguntas para hacer a tus peques, para fomentar la comprensión, el pensamiento crítico y vuestro vínculo
- ¿Alguna vez has pensado que tu familia es un poco rara? ¿Cómo te hace sentir eso?
- ¿Qué significa “ser normal”? ¿Crees que todas las familias son parecidas?
- ¿Cuál fue tu momento favorito del concurso de talentos? ¿Qué talento tiene tu familia que podríais mostrar?
Estas preguntas no solo ayudan a reflexionar sobre el cuento, sino que pueden abrir una conversación tierna sobre la diversidad familiar, el orgullo por lo que nos hace únicos y el valor de aceptarnos como somos.
2️⃣ ¿Qué hemos trabajado? Resumen pedagógico del cuento
Este cuento infantil nos invita a mirar a nuestras familias con otros ojos. A través del humor y las ocurrencias de unos dinosaurios muy especiales, el relato:
- Fomenta la aceptación de la diversidad familiar, mostrando que no existe una única forma de ser «normal».
- Trabaja la autoestima y el orgullo por lo propio, ayudando a niñas y niños a reconocer y valorar lo que les hace únicos.
- Estimula la empatía: Trilo aprende a comprender las realidades de otras familias, y a aceptar la suya desde una nueva perspectiva.
- Refuerza el vínculo familiar y el sentido de pertenencia, algo fundamental a la hora de irse a dormir con una sonrisa.
Un cuento ideal para leer antes de dormir… ¡y soñar con murciélagos, confeti y paraguas musicales!
3️⃣ Datos científicos y curiosidades 🦖
- El triceratops, como Trilo, vivió hace unos 68 millones de años. Tenía tres cuernos, un gran volante óseo… ¡y seguramente una gran personalidad!
- Aunque parezca increíble, los dinosaurios no convivieron todos a la vez: el T. Rex y el estegosaurio, por ejemplo, están separados por más tiempo que nosotros del T. Rex.
- Muchos dinosaurios actuales… ¡son pájaros! Las aves que vemos hoy descienden de pequeños terópodos, parientes lejanos de los velociraptores.
- La parasaurolophus, como Zizi, tenía una cresta hueca que probablemente usaba para comunicarse con sonidos parecidos a los de una trompeta. ¡Trompón estaría orgulloso!
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