Rufus Flamigan y el insomnio lanudo

Un cuento para dormir, con mucha mágia y más ovejas de las necesarias.

Rufus Flamigan, de los Flamigan del Norte, era un mago muy poderoso y muy, muy cansado. Vivía en la cima de la Colina del Medio, ni muy alta ni muy baja, en una casita con tejado en forma de sombrero de mago y ventanas que, por razones mágicas, bostezaban a las siete y cuarto de la tarde. Su casa estaba llena de libros, gatos con opiniones cuestionables, tazas con barba y una alfombra que hablaba en rima (cuando le daba la gana).

Pero esa noche, Rufus no podía dormir.

Y eso que lo había intentado todo:
— Té de tila con garras de dragón (no recomendado para niños ni dragones).
— Baño caliente con burbujas de hipo de unicornio (resbaladizo, pero muy brillante).
— Canciones de cuna cantadas por un coro de búhos (muy afinados, pero demasiado críticos).

Nada funcionaba.

— ¡Estoy harto! —gruñó Rufus, revolviéndose en su cama con sábanas de nube número siete (las más mullidas del catálogo).

Al lado de la cama, su bastón mágico estornudó.
— Quizá deberías contar ovejas —sugirió, con voz de palo sabio.

— ¿Contar ovejas? —bufó Rufus—. Eso es para pastores y niños con pijamas de dinosaurios.

— Pues tú mismo. Sigue insomne y ojeroso.

Rufus suspiró. Se puso el gorro de dormir (con una estrella en la punta que hacía “ding” cada vez que se movía) y miró al techo.

— Está bien. Lo haré a mi manera.

Y alzó su bastón.

— ¡Ovium Numerandum! —proclamó, lo que significa “Contemos ovejas” en latín mágico un poco oxidado.

Y entonces… apareció una oveja.

POMF.

Era blanca. Tenía gafas redondas y actitud de bibliotecaria.

— Una —dijo Rufus, medio sorprendido.

POMF.
Otra oveja. Esta tenía rayas rosas y verdes, y estaba mascando chicle.

— Dos.

POMF. POMF. POMF.

Tres, cuatro, cinco.

Una con patines. Otra con alas. Una tercera con una mochila que decía “¡Viva la lana!”

— ¿Qué demonios? —murmuró Rufus, incorporándose.

Las ovejas estaban en su habitación. No en su cabeza. No en sueños.

En su casa.

— ¡Eh! ¡Fuera de la alfombra!

— “Nosotras somos suaves y puras, no hacemos travesuras,” —cantó una.

— ¡MENTIRA! —gritó la alfombra, con indignación.

Rufus se levantó como un rayo (uno de los suaves, de esos que solo hacen cosquillas). Bajó al salón y tropezó con una oveja escocesa con falda de cuadros.

— ¡Esto se está saliendo de control! —protestó mientras más ovejas aparecían a cada “POMF”.

Había ovejas con lunares, ovejas con corbata, ovejas que sabían bailar claqué. Una se llamaba Guadalupe y era alérgica a la magia, lo cual complicaba bastante las cosas.

Rufus corrió a su cuaderno de hechizos, que se escondía detrás de los libros de cocina para evitar ser consultado.

— ¡Encantamiento de antirebaño! ¡Desovización inmediata! ¡Reversus lanarum!

Nada funcionó.

Cada vez que intentaba deshacer el hechizo, POMF, aparecía otra oveja. Ya iba por la número 147, una oveja azul con gafas de sol y acento italiano.

— Maaaahgnifico —decía mientras masticaba albahaca.

Al amanecer, la casa estaba tan llena de ovejas que Rufus solo podía moverse en zigzag. La tetera estaba secuestrada por una banda de corderos punk.

— Esto es un desastre —gimió Rufus, con una oveja colgada del brazo.

Pero entonces se fijó en algo.

Donde había ovejas, había lana.

Y donde hay lana, hay…

— ¡JERSEYS! —gritó, con ojos chispeantes.

Tejió uno al instante. Bueno, se lo encargó a una oveja que sabía tejer (la número 208, profesora jubilada de punto mágico). Era un jersey mullido, con runas bordadas y bolsillos infinitos. Cuando se lo puso, se sintió cálido y cómodo, y su insomnio… desapareció.

— ¡Lana mágica! ¡Eso era lo que necesitaba! ¡He creado sin querer un ejército de ovejas terapeúticas!

En una semana, Rufus se convirtió en el Rey de los Jerséis Mágicos. Abrió una tienda: Flamigan & Fibras. Vendía jerséis que:

  • Te ayudaban a dormir.
  • Te protegían de pesadillas.
  • Emitían música de arpa cuando estabas triste.
  • Cambiaban de color si te mentían (los usaban muchos padres).

Sus ovejas vivían felices en la colina, en casas pequeñas tejidas con su propia lana. Tenían una banda de jazz. Publicaban una revista (Oveja Ilustrada). Una de ellas incluso ganó un concurso de poesía épica.

Rufus, por su parte, dormía todas las noches como un tronco encantado. Y si alguna vez no podía, simplemente decía:

— Una…

POMF.

— Dos…

POMF.

Pero esta vez con una sonrisa, y una manta de lana que sabía cantar nanas en seis idiomas.

Y así, el mago insomne se convirtió en el más suave y calentito de los héroes mágicos.

FIN.

🛠 Ideas y herramientas para trabajar este cuento con tus pequeñ@s libronautas

🧠 1. Preguntas para hacer a tus peques (y fomentar la comprensión, el pensamiento crítico y vuestro vínculo)

  • ¿Por qué crees que Rufus no podía dormir? ¿Te ha pasado alguna vez algo parecido?
    Una pregunta que invita a hablar de emociones, miedos nocturnos y rutinas de descanso.
  • Si tú pudieras crear una oveja mágica, ¿cómo sería y qué poderes tendría?
    Con esta propuesta fomentamos la imaginación y el juego simbólico.
  • ¿Qué opinas de que Rufus aprovechara su problema para crear algo útil y bonito para todos?
    Una excusa perfecta para hablar de resiliencia, creatividad y cómo transformar los problemas en oportunidades.

🎓 2. ¿Qué hemos trabajado? Resumen pedagógico del cuento

Este cuento es una divertida excusa para abordar la gestión del sueño, la imaginación creativa y la resolución de problemas de forma positiva. A través del humor y la magia, los peques pueden identificar emociones como el cansancio, la frustración y la búsqueda de soluciones personales.

Además, el relato promueve el pensamiento creativo, el valor del juego simbólico (¡esas ovejas únicas lo demuestran!) y la importancia de escuchar nuevas ideas aunque al principio nos parezcan raras.

Por último, muestra cómo trabajar en equipo (incluso con ovejas bailarinas) puede traer grandes resultados, y refuerza la idea de que descansar bien es una necesidad importante y valiosa.


🔬 3. Datos científicos y curiosidades mágicas (¡pero reales!)

  • 🐑 Contar ovejas para dormir sí tiene base científica, aunque no funciona para todo el mundo. Es una técnica de atención plena: enfocas la mente en algo simple y repetitivo para calmarla. ¡Pero no esperes que aparezcan de verdad en tu habitación!
  • 🧶 La lana es un excelente regulador térmico natural. Por eso las mantas de lana ayudan a dormir mejor: mantienen el calor sin hacernos sudar, lo que favorece el descanso.
  • 🎵 La música suave (como la de arpa o sonidos naturales) ayuda a reducir la frecuencia cardiaca antes de dormir. No hace falta tener una manta que cante en seis idiomas, pero una playlist relajante puede hacer maravillas.
  • 🌙 Tener una rutina para dormir es clave en la infancia. Un cuento antes de dormir, como este, puede convertirse en un ritual seguro y amoroso que favorece la higiene del sueño.

📚 ¿Te ha gustado esta historia mágica y lanuda? Entonces también te encantarán estos cuentos: