Verano. Días largos, chanclas, helados derritiéndose por el brazo y calor (¡mucho calor!). Las rutinas desaparecen, el reloj pierde poder y niñas y niños se convierten en seres libres mientras madres, padres y cuidadores hacemos malabares para conciliar y, a ser posible, que aprendan algo estas semanas.
Y en este escenario, los libros…¿Dónde quedan?
Muchas familias se preguntan lo mismo: ¿cómo hacer para que nuestras hijas e hijos no dejen de leer durante el verano…? Sin que lo odien, sin que parezca una tarea más y sin estropear ese espíritu despreocupado que tanto necesitan.
La clave, como siempre, es no imponer. Se trata de acompañar. De proponer. De confiar. Y sí, también de relajarse. Porque los hábitos no se mantienen con presión, sino procurando que disfruten de la lectura.
¿Listas las gafas de sol? ¡Vamos a ver algunas ideas para mantener las ganas de leer en verano!
1. Respeta el espíritu veraniego
Si algo define el verano es la libertad. Libertad de horarios, de reglas, de zapatos… . Por eso, si propones leer, que sea con ese mismo espíritu:
- No obligues a leer todos los días.
- No midas el tiempo con cronómetro.
- No insistas si hay cansancio o desgana.
- No conviertas la lectura en un “¿ya has leído hoy?”.
Hazlo al revés: deja libros a mano, sugiere lecturas, ofrece espacios, comparte ratos… sin apretar.
Ejemplo: “He encontrado este libro sobre un dragón que vive en una sombrilla. Me ha recordado a ti. Lo he dejado en la hamaca por si te apetece.”
2.Elige bien los libros (y deja que escojan)
Una clave para que niñas y niños lean por gusto es que el libro les interese. No vale cualquier lectura, ni siquiera las recomendadas por el colegio. Lo importante es que haya libros que despierten la curiosidad, que entretengan, que diviertan, que emocionen.
Algunos consejos:
- Deja que elijan: ve a la biblioteca (suelen tener maravillosos aires acondicionados) o librería y deja que escojan (aunque a ti te parezcan “tontos”).
- Apuesta por géneros diferentes: cómics, álbumes ilustrados, cuentos clásicos reversionados, libros de curiosidades…
- Puedes que algun@s peques les funcionen mejor libros sin “historia”, como recetas, guías de animales, mapas…
- No subestimes los libros de humor: en verano, reírse con un libro vale oro.
3.Haz que leer sea un plan más
Leer no tiene por qué hacerse solo en el sofá. De hecho, cuanto más lo conviertas en parte del verano, mejor. Podéis:
- Leer un capítulo durante el desayuno en la terraza.
- Llevar libros a la playa y leer bajo la sombrilla.
- Montar un picnic con cuentos.
- Leer un cómic antes de dormir en la tienda de campaña.
- Hacer una “lectura a la fresca” en el balcón o parque.
- Leer en voz alta en familia durante una siesta colectiva.
4. Incluye la lectura en momentos especiales
Puedes crear pequeños “rituales lectores” que no parezcan tarea, sino regalo. Por ejemplo:
- Lectura de un cuento especial cada noche antes de dormir.
- “Viernes de cómic” con sesión de lectura compartida.
- “Domingos de historia”: leer en voz alta un capítulo de una saga que sigan juntas/os.
- “Maratón de lectura bajo la sábana” con linterna incluida.
5. Inspira con el ejemplo
Si las personas adultas se pasan el verano diciendo “tienes que leer” mientras están pegadas al móvil… mal vamos. Muchas veces los adultos estamos educando precisamente, cuando no somos conscientes de ello, con el ejemplo propio. Si os ven leyendo, comentando lo que están leyendo o disfrutando con un libro en la mano, ¡eso sí que contagia!
6. Crea espacios lectores molones
A veces un rincón bonito cambia toda la actitud. Puedes preparar con ayuda de tu peque un “rincón de lectura veraniego”:
- Con cojines, colchoneta o pufs.
- A la sombra, con guirnaldas o farolillos.
- Una caja o cesta con libros a la vista.
- Una libreta de “frases favoritas del verano”.
No hace falta gastarse dinero. Lo importante es que ese rincón invite a coger un libro y tumbarse a leer sin prisas.
7. Lee en compañía
La lectura no tiene por qué ser algo solitario. Puedes organizar pequeños momentos de lectura juntos y con más personas del hogar.
¿ Y si no leen… ?
Aunque no es el ideal, si tu hija o hijo no lee durante unos días o semanas, no pasa nada.
Leer no es una obligación moral. Es una posibilidad. A veces, el verano invita más a chapotear que a pasar páginas. Y eso también es vivir. Lo importante es no convertir la lectura en motivo de enfado, chantaje o frustración.
Hay veranos en los que leen un libro por semana. Otros en los que no tocan ninguno. Lo importante es que el amor por la lectura no se rompa por la presión.
El hábito se mantiene con cariño, no con control.
Ideas extra para motivar (sin presionar)
- Crea un “pasaporte lector del verano” con casillas tipo: leer en la playa, leer un libro de miedo, leer en bañador, leer a otra persona…
- Haz un reto lector familiar, donde cada quien propone un libro al resto.
- Organiza una búsqueda del tesoro, con pistas escondidas en páginas de libros.
- Si escriben, proponles que inventen su propia historia del verano con textos y dibujos.
Y recordar que leer, en el fondo, es un juego.
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