Un cuento para leer a niñas y niños sobre una mama valiente y dos hermanas muy creativas
En casa de Julia y Ona pasaban cosas raras. No raras como que el gato hablara japonés. Raras del tipo: mamá estaba nerviosa.
—¡Voy a subir el Aneto! —anunció una mañana, con una sonrisa tan grande que casi se le salía de la cara.
El Aneto, para quien no lo sepa (y para quien lo sepa también, por si acaso), es la montaña más alta de los Pirineos. Es tan alta que las nubes le piden permiso para pasar.
—¿Nosotras venimos? —preguntó Ona, con esa carita de “¡porfiii!”, muy estudiada y peligrosa.
—Aún no —respondió mamá, agachándose a su altura—. Para el Aneto hay que estar muy fuerte. De piernas y de cabeza. Pero tal vez algún día lo hagamos juntas.
Julia y Ona se miraron, serias como dos cebras en una biblioteca.
—Entonces entrenaremos —dijo Julia.
—¡Como astronautas! —añadió Ona.
Mamá se rió, les dio un beso en la frente y siguió preparando su mochila, que parecía tener más capas que una cebolla con abrigo.
La mañana de la partida, mamá se puso unas botas con cordones rojos, que parecían capaces de escalar cualquier montaña.
—Os voy a echar de menos —dijo mamá.
—¡Y nosotras a ti! —gritaron las niñas al unísono.
Y así, mamá se marchó a conquistar la cima, dejando atrás una casa llena de emoción, nervios y… una ligera sospecha de que papá iba a terminar el fin de semana más cansado que ella.
El primer día sin mamá fue raro.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Julia.
—Papá dice que nos lleva al cine —dijo Ona—. A ver una peli de un extraterrestre peludo, azul, que canta canciones de Elvis Presley y causa el caos allá donde va.
—¿No podemos decir su nombre?
—No. Dice papa que no quiere que Disney le demande por derechos de autor.
Después de la peli, fueron al parque en bicicleta. Papá intentaba seguirles el ritmo.
—¡Pareces una tortuga! —gritaron las pequeñas, entre risas.
Aquello les dio una idea genial, y en cuanto llegaron a casa, sacaron la caja de manualidades, donde aún quedaban un par de bloques de arcilla.
—¡Vamos a hacer torgugas! !Muchas torgtugas!
—Esta se llama Mamaquinqui —dijo Ona, colocando una ramita como sombrero.
—Y esta es Tortugilda, reina del fango —dijo Julia.
Cuando se quisieron dar cuenta, el mueble del comedor parecía la sede del Parlamento Tortuguíl.
—¿Dónde las guardaremos todas? —preguntó papá, horrorizado.
—Ya pensaremos algo —dijeron las niñas con una sonrisa.
El sábado por la noche, cuando las estrellas empezaban a brillar como lentejuelas perdidas, mamá mandó una foto. Desde la cima. De la cima.
Estaba de pie, con el gorro torcido, la nariz roja por el frío y los ojos un poco brillantes. Sonreía con una mezcla de orgullo, cansancio y esa clase de felicidad que se siente cuando haces algo muy difícil sin rendirte.
—Ha llorado —dijo Ona, señalando la foto.
—Pero lágrimas de las buenas —dijo Julia—. Las que salen cuando el corazón está muy contento y no le caben las emociones dentro.
Papá las abrazó.
—Vuestra madre es increíble.
—Sí. Como una superheroína, pero con botas de montaña en vez de capa.
—Y sin necesidad de volar. Solo hace falta caminar muy fuerte hacia arriba.
El domingo, el ejército tortuguíl se expandió. Se hicieron con el control del balcón, la entrada y una maceta que antes albergaba un geranio que tubo pedir asilo en un estante.
Papá intentó hacer una pizza, pero la masa se rebeló y terminó en el techo. Se dieron por vencidos y pidieron sushi.
—¿Tú crees que mamá nos echará de menos? —preguntó Julia.
—Seguro. Aunque ahora debe de estar tan cansada que solo piensa en dormir.
—O en ducharse —añadió Ona, arrugando la nariz al imaginar los tres días sin baño.
El lunes, mamá volvió. Llevaba el pelo revuelto, las mejillas quemadas por el sol y los ojos brillantes de emoción.
Las niñas corrieron hacia ella como dos cohetes lanzados desde el corazón.
—¡¡MAMAAAAA!!
—¡Ay, mis aventureras! —dijo mamá, dejando caer la mochila como una piedra antes de abrazarlas con toda la fuerza del universo.
—¿Cómo fue? —preguntaron.
—Increíble. Y difícil. Y precioso. Había nieve, viento, y unas vistas tan bonitas que daban ganas de llorar… así que lloré un poco. Pero no de tristeza. De esas lágrimas que vienen cuando te das cuenta de lo fuerte que eres.
—¿Y ahora qué? —preguntó Ona.
—Ahora me ducho. Mucho.
—¿Y después?
Mamá sonrió.
—Después, me contáis todo sobre ese ejército de tortugas que ha tomado el control de la casa.
Julia y Ona se miraron, cómplices.
—Bueno… digamos que Barroquina ahora es presidenta del jardín —dijo Julia.
—Y Tortugilda exige una piscina de barro con spa —añadió Ona.
Mamá se rió tan fuerte que le dolieron las costillas.
—¡Qué maravilla de aventuras habéis tenido también vosotras!
Esa noche, mientras mamá descansaba en el sofá con las piernas en alto y una manta hasta la barbilla, Julia y Ona se acurrucaron a su lado. Su perrita roncaba, feliz, con una tortuga de barro bajo la pata.
—¿Sabes qué? —dijo mamá—. La próxima vez, subimos juntas. Cuando estéis listas.
—¿Y si nunca estamos listas del todo? —preguntó Julia.
—No pasa nada —dijo mamá—. A veces, estar listas no significa ser las más fuertes, sino tener ganas de intentarlo, aunque dé miedo.
Ona se quedó pensativa.
—Entonces, creo que yo ya estoy un poco lista.
—¡Yo también! —dijo Julia.
—Y yo, pero para la ducha —dijo papá desde la puerta, con barro en la oreja.
Y todos rieron. De esas risas buenas, que salen solas, como las lágrimas felices, cuando estás justo donde tienes que estar: rodeado de tortugas, familia y montañas que un día escalarás.
FIN.

🧠 Ideas y herramientas para trabajar este cuento con tus pequeñ@s libronautas
1. 🤔 Preguntas para hacer a tus peques, para fomentar la comprensión, el pensamiento crítico y vuestro vínculo:
- ¿Qué crees que sintió mamá cuando llegó a la cima del Aneto? ¿Alguna vez te has sentido así después de conseguir algo difícil?
(Ideal para hablar sobre el esfuerzo, el orgullo propio y las emociones bonitas que acompañan los logros). - ¿Por qué crees que las niñas decidieron crear tortugas de barro mientras mamá estaba fuera? ¿Qué cosas creativas se te ocurren para hacer cuando echas de menos a alguien?
(Ayuda a explorar la creatividad, el juego simbólico y la gestión emocional). - Mamá dijo que a veces estar listos no significa ser los más fuertes, sino tener ganas de intentarlo. ¿Qué significa eso para ti? ¿Hay algo que te gustaría intentar aunque dé un poco de miedo?
(Abre la puerta a conversar sobre el coraje, la autoestima y los pequeños/grandes retos del día a día).
2. 🎒 ¿Qué hemos trabajado? Resumen pedagógico del cuento
Este cuento tierno y lleno de humor nos invita a reflexionar sobre varios aspectos esenciales del crecimiento personal y familiar:
- La importancia del esfuerzo y la superación personal, tanto en grandes retos (como subir una montaña) como en pequeñas acciones del día a día.
- La gestión emocional ante la ausencia de un ser querido, mostrando que se puede transformar la nostalgia en juego, creatividad y momentos compartidos.
- El valor de la resiliencia, con una madre que no oculta sus emociones, sino que las celebra como parte del viaje.
- La fuerza del vínculo familiar, que se expresa en abrazos, risas, apoyo y tortugas con sombrero.
- La creatividad y el juego como herramienta emocional, cuando las niñas canalizan su energía creando un divertido «Parlamento Tortuguíl».
Una historia ideal para hablar de autonomía, amor, aventuras y esas montañas (reales o imaginarias) que algún día queremos escalar junt@s.
3. 🧪 Datos científicos y curiosidades
- 🏔️ El Aneto es el pico más alto de los Pirineos, con 3.404 metros. Está en el Parque Natural Posets-Maladeta, y para subirlo se necesita preparación física… ¡y muchas ganas de aventura!
- 🐢 Las tortugas existen desde hace más de 200 millones de años. Son animales longevos y muy simbólicos en muchas culturas: representan la paciencia, la constancia y la protección.
- 🌋 La arcilla con la que juegan las niñas es un material natural que se forma por la descomposición de rocas. Se ha usado desde tiempos prehistóricos para crear cerámica… ¡y ejércitos tortuguiles!
- 😄 ¿Sabías que reír y llorar comparten algunas zonas del cerebro? Por eso, a veces lloramos de felicidad o reímos cuando estamos muy emocionados. ¡Las emociones no siempre van por separado!
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